Sin tabúes. Sin estigmas. ¿Sin consideración? El acercamiento a la prostitución por parte de las nuevas generaciones -mujeres incluidas- resulta algo socialmente aceptado: son muchas las despedidas de soltero que terminan en un club o con compañía de pago. La oferta, inconmensurable en la última década debido a la explotación sexual de la inmigración -se calcula que hay unas 300.000 prostitutas ejerciendo en España-, es vista como una opción de ocio por los jóvenes, que, sin reparar en la trastienda del negocio, a menudo en manos de mafias, están contribuyendo a que el perfil del cliente se transforme: hoy tiene en torno a los 30 años de media, según algunas fuentes. El comercio del sexo sigue en el limbo: no es ilegal, pero tampoco legal. Un vacío pasto de abusos sobre el que se precipitan cada vez más jóvenes.
La cultura de la inmediatez, la voluntad de obtener de forma rápida y sin esfuerzo el sexo sin compromiso han sido factores clave para este cambio de perfil en una generación que, paradójicamente, ha nacido después de la revolución sexual.
"Ligar cuesta mucho trabajo y además no tienes ninguna garantía de éxito. Debes darle charleta a una tía durante horas, decirle cosas que a ella le gusten, de esas románticas; invitarla a cenar o a tomar copas y después a lo peor te quedas con las ganas, porque puede decirte que no. O te dice que sí para ennoviarte. Así que vamos al puticlub, pagamos y ya está. Es mucho más sencillo. Como irse de vacaciones a Cuba: allí, por unos pintalabios o un par de medias, tienes todo el sexo que quieres. Y sin complicaciones".
Rafa tiene menos de 30 años, estudios universitarios y las ideas muy claras: para qué "complicarse la vida" si por 50 euros puede disfrutar de un servicio completo en un club. Quién y en qué circunstancias viva la mujer que se lo preste, no le preocupa en absoluto.
Despedidas de soltero, celebraciones deportivas, cenas de empresa, cumpleaños o mayorías de edad. Remates a una noche de juerga o desahogo rápido tras una jornada de trabajo: las motivaciones son tantas como los clientes. Pero el denominador común aparece cada vez más claro: cuanto más rejuvenece la clientela, más aumenta la visión de la prostitución como parte integrante de la oferta de ocio. El perfil del cliente masculino de la prostitución en España es sensiblemente más joven que hace 10 años. Según los estudios de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención de la Mujer Prostituida (APRAMP), el cliente habitual era en 1998 un varón casado y con cargas familiares, mayor de 40 años. En 2005 abundaban los jóvenes de 20 a 40. Es decir, con una media de edad de 30 años.
¿Estamos ante un fenómeno nuevo, o acaso se aborda la cuestión con más transparencia? El psicólogo Enrique García Huete, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, lleva dos décadas estudiando el asunto, para llegar a la conclusión de que lo que ha cambiado es "la percepción social de la prostitución, aunque muchos jóvenes siguen debutando en el sexo con meretrices". "Un abanico amplísimo de ofertas, una mayor permisividad y un nivel adquisitivo más alto que antaño hacen que los jóvenes se aproximen a ella", apunta García Huete. En otras palabras, "una accesibilidad asequible", producto de la abundante oferta, para todos los bolsillos, del sexo de pago.
"Si además hay una parte de ella más luminosa, divertida y atractiva, más lúdica en suma, muchos chicos sin pareja de 20 a 25 años no se lo piensan", añade el psicólogo. El factor grupal también cuenta: "Si alguno de los amigos ha recurrido a la prostitución, y transmite información positiva o incluso entusiasta, es fácil que contagie al grupo. Razonamientos como 'es que son auténticas profesionales', 'a éstas puedes entrarles sin rodeos' o 'saben hacer muy bien su trabajo', referidos a las prostitutas, acaban convirtiéndose en clichés que se repiten y perpetúan", explica García Huete.
La experiencia cotidiana desde el otro lado de la barra de alterne va también en dirección al grupo. "Los chicos jóvenes suelen venir a última hora, cuando cierran las discotecas", afirma Rosa, encargada de un club de carretera en Cantabria. "Lo hacen en grupo, a vacilar y tomarse unas copas. Luego, pueden rematar o no, depende, o algunos sí y otros no. Los que entran solos en el local sí vienen directamente por el sexo", añade.
La encargada confirma también la transformación de la parroquia: "Cada vez hay más chicos jóvenes, de 18 a 28 o 30 años. Hace sólo una década, el habitual tenía entre 40 y 60. Y vendrían muchos más
si las copas no fueran tan caras: hay chavales que salen de casa con 10 euros, lo que vale aquí un cubata".
Un frío viernes de enero, "un mes muy malo para el negocio", según Rosa, el club que regenta registra un lleno de hora punta: alrededor de 120 hombres, la mayoría por debajo de los 40 años, toman copas o charlan con las chicas, todas ellas extranjeras. El club es de tamaño medio, uno de tantos en la región occidental de Cantabria: una oferta de media docena de garitos en poco más de una veintena de kilómetros, todos ellos parte integrante del paisaje desde hace décadas.
Según el INE, el 27% de los varones españoles de 18 a 49 años reconoce haber recurrido alguna vez a los servicios de una prostituta. Pero el porcentaje podría ser sólo la punta de un iceberg: incluso pillados in fraganti, muchos niegan la mayor. "Venimos sólo a tomar copas, eh", advierte un treintañero acodado en la barra; "pero resulta difícil resistirse, con la cantidad de oferta que hay". En el taburete contiguo, otro chico subraya el exotismo como gancho suplementario: "Hoy puedes acostarte con una negra; mañana con una dominicana, pasado, con una rubia del Este.

