Con autentica perplejidad recibo el email de una lectora indignada por la serie de televisión que mi cadena, Tele5, lleva emitiendo varias semanas. Esta amiga me pide mi opinión sobre lo que ella, y yo también, considera alarmante. Mi “cadena amiga” ha versionado una telenovela colombiana, inspirada en un libro homónimo, en el que la prostitución, el narcotráfico y la violencia se entrelazan estrechamente.
Dice mi amiga, y dice bien, que la serie española ha intentado rodear el argumento de la novela de un glamour y una sofisticación que pretende mejorar la versión colombiana. Y lo consigue. Y asegura, además, que lo mas preocupante del asunto es que la historia gira en torno a un narcotraficante y asesino (el Duque), y a un conjunto de jóvenes, todas ellas menores de edad, que orbitan en torno al “héroe”, que son iniciadas en el mundo de la prostitución de lujo de la mano del narcotraficante y sus compinches.
La infiltración en la que ahora trabajo me retiene largos periodos de tiempo fuera de España, pero gracias a las virtudes de Internet he podido acceder a algunos capítulos de la serie en cuestión desde el otro lado del océano. Y mi lectora no exageraba ni un ápice. Al contrario, se quedaba corta. A ella le impresionó mucho la escena en que el atractivo Duque le regala seis mil euros a la inocente Cata, de 17 años en la serie, después de una noche de pasión, para que se compre unas tetas nuevas, porque “sin tetas no hay paraíso”. A mi me alarman aún más otras cosas.
La serie, cuyos guionistas parecen bien documentados, refleja una triste realidad que hace ya cuatro años yo denunciaba en uno de mis libros. Adolescentes españolas, o de cualquier otra nacionalidad, muy jóvenes, que acceden al mundo de la prostitución por causa de un desengaño amoroso, una adicción a las drogas, un trauma psicológico o simplemente, seducidas por un mundo de lujo, consumismo y opulencia, tan venenoso y adictivo como la heroína. Ellas abominan de etiquetas como puta, ramera, zorra, fulana, o golfa… prefieren llamarse escorts. Quizás porque si van a llamarnos algo feo, siempre suena mejor en otro idioma… Pero la traducción no cambia la realidad que define el término.
Y eso son las protagonistas de “Sin tetas no hay paraíso”. Dulces, frescas, jugosas, inocentes y frágiles “escorts”, en manos de traficantes, asesinos y criminales, que las colman de lujosos regalos, dinero y una sofisticada fantasía, que durara solo el tiempo que tarden los clientes prostituidotes en aburrirse de sus cuerpos turgentes y sus falsas caricias, para pasar a consumir otra aun más joven o mas inocente que ellas. La juventud y la inocencia, siempre pasan. Y lo que espera después a una escort siempre es triste, amargo y deprimente. Yo lo se, la mayoría de mis mejores amigas son o han sido escorts.
Pero lo verdaderamente preocupante, en mi humilde opinión, es que algunas revistas de adolescentes, como “Vale”, destinada directamente a lectoras muy jóvenes, mayoritariamente menores de edad, dedicaban al poco de iniciarse la serie sus portadas a ese nuevo “héroe” para quinceañeras llamado Duque; un narcotraficante, asesino y prostituidor, al que dibujan como un inocente e incomprendido “angelito”, digno de poblar las fantasías de toda adolescente…
Quizás me estoy volviendo demasiado viejo o conservador, pero que un narcotraficante, asesino y prostituidor aparezca en las portadas de las revistas de adolescentes como un héroe, induciendo a niñas de 17 años a convertirse en putas de lujo, a mi me parece preocupante. Todo tiene un límite… o debería tenerlo.
Antonio Salas


Completamente de acuerdo con
Enviado por inintote el Jue, 04/11/2010 - 23:47.Completamente de acuerdo con este artículo. El efecto que tuvo esta serie fue mucho más destructor que el mensaje de un condenado por apología del terrorismo, de cual, por cierto, ni me acuerdo.