El subteniente C., jefe de grupo de la Policía Judicial, me recibió en su despacho amablemente, pero casi me echa a patadas de allí cuando le dije que quería infiltrarme en las mafias del tráfico de mujeres... Y con razón. De su mano llegaría al primer testimonio de una mujer, casi una niña, traficada por las mafias rusas a España. Creo que no hace falta añadir nada a su escalofriante relato, salvo que deseo de todo corazón, a todos y cada uno de los puteros que se follaron a Nadia en los burdeles madrileños, que contraigan todas las enfermedades venéreas posibles...
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