El periodismo de investigación lleva a titulares abusos, delitos, tramas y cloacas de una sociedad atrapada, España siglo XXI, por sus mentiras. Sus técnicas se calcan del espionaje. El reportero precisa contactos, coberturas, medios y quien patrocine la misión. En nuestro país, diferentes grupos mediáticos probaron, con desigual éxito, cómo desvelar lo que nos hurta la primera plana. Hubo éxitos, fracasos y silencios. Los resultados de la investigación incomodan hasta a clientes de los medios o a sus ejecutivos. Por esas razones, este género cultiva en parte crónicas selectivas, amnésicas o amontona objetivos inéditos. Sólo se abren paso historias que se curten con tesón y coraje. Ahí debemos situar a Antonio Salas.
Un periodista-pacifista madrileño usa tal nombre para investigar. Sus revelaciones son libros y documentales televisivos. En Diario de un skin destapa guaridas neonazis en una España de vanguardias. El año que trafiqué con mujeres nos conduce al repugnante mercadeo de prostitutas.
Salas se multiplica, como buzo en el seno del terrorismo, en El palestino (Temas de Hoy) con un documentado volumen. El periodista se adentró, durante casi cinco años, entre asesinos de la peor especie que aún se escudan en ideales o credos para matar a sus semejantes. Nadie admite tal espanto.
El infiltrado se convierte al islam como palestino-venezolano. Recalca, para legos e ignorantes, que el Corán es crecer, paz, fraternidad, caridad, filantropía… Aleja al islam de infamias difundidas por los nuevos amos del mundo tras sepultar el comunismo. Chapeau. El “otro yo” de Salas, mientras, es un anónimo reportero que lleva vida anodina en los “Madriles”.
Su personaje es Mohammad Abdallah. Con él emula a Domingo Badía (1767-1822), espía barcelonés que se infiltró ante el sultán de Marruecos siendo el primer no musulmán que pisó La Meca. Murió envenenado por el bajá de Damasco al ser descubierto como el impostor Alí-Bey.
Aprende árabe, Salas-Mohammad, viajando por Oriente Medio y el Magreb. Se naturaliza con barbas de talibán. La inmersión le sitúa en el yihadismo radical, chavismo armado y nidos etarras en la patria de Simón Bolívar.
Leemos gazapos: ETA –escribe Salas– está en Venezuela desde 1989, cuando Carlos Andrés Pérez aceptó gudaris, pero estaban lustros antes. Imaginamos que se refiere desde que llegó extraditado Arturo Cubillas.
Pero El palestino honra su explícito título. La simpatía que sugiere por la causa es legítima y comprensible. Nadie duda de la humillación que sufre un pueblo sin país por el sionismo y su lobby yanqui. ¿Hasta cuándo estarán ciegos tantos judíos, israelíes y hebreos? De paso, Salas exculpa a Hugo Chávez de amparar terroristas, pero asaltan dudas. No obstante, precisamos contrapesos al imperio, sus dogmas y el impuesto “pensamiento único”.
Mohammed-Salas da una primicia: se hace portavoz de Ilich Ramírez, ‘el Chacal’. Airear al mini ‘Che’ es rancio. Incluso, reporta foros filoterroristas destapando paradojas a los violentos.
Se desmarca del plomo por “revoluciones” sin masa o de salón. Lo anticipó Mahatma Ghandi: “Con el ojo por ojo la humanidad quedará ciega”. La Ley del Talión caducó, excepto en Palestina, donde la masacre recuerda al prodigado Holocausto. Leer el trabajo de Salas suma. Tiene mensaje y moralejas que conducen a la no violencia de Luther King, Mandela, Óscar Arias... Se sugieren alternativas planetarias desde ese prisma.
No siempre aciertan prensa e Internet sobre el terrorismo. Las medias verdades nos engañan. Dejan huérfano al genuino periodismo de investigación. Por eso Salas lo rescata sin intermediarios o mecenas. ¿Otro mundo será posible? Ghandi lo recalcó hace décadas: “No hay atajos hasta la paz. La paz es el camino”.
Juan-Carlos Arias (Cambio 16)


Es que contar las cosas como
Enviado por asalas el Dom, 12/09/2010 - 10:51.Es que contar las cosas como son, implica depejar el topico de que el Islam tenga nada que ver con el terrorismo... :-)
Una gran crítica. No
Enviado por salflor5 el Lun, 06/09/2010 - 22:18.Una gran crítica. No obstante, a mi parecer, tú no "alejas" el Islam del terrorismo, sino desmontar tópicos y contar cosas que son verdad, aunque a veces nos las venden como verdad.