El café restaurante Buena Vista, ubicado en una vía peatonal turística de Budapest, era uno de los favoritos de Eduardo Rózsa Flores. En ese lugar comió por última vez con su novia, Linda Szászvári, y su mejor amigo, Bálint Nagy. Ocurrió el 30 de septiembre de 2008 y su vuelo, cuyo destino final era Santa Cruz de la Sierra, estaba previsto para las 16:00 de Budapest. “Aquel día él se mostró de buen humor”, dice el joven empresario húngaro que entabló una amistad íntima con Rózsa desde 1998.
Bálint estuvo esa tarde en el aeropuerto para despedirlo. Desde entonces, ambos hablaron por chat con alguna frecuencia hasta el día de la muerte del héroe húngaro-croata, de la que se enteró por los medios informativos. Dos días antes del trágico final le había enviado por correo ... continúa la lectura

