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Las bandas sustituyen a los paramilitares y a las FARC en Colombia

Las bandas sustituyen a los paramilitares y a las FARC en Colombia

Las bandas criminales, conocidas como Bacrim, se han convertido en la peor pesadilla para las autoridades colombianas. Estas bandas habrían tomado el relevo de la guerrilla y las fuerzas paramilitares, impidiendo una vuelta a la normalidad de Colombia que parecería condenada para siempre a la violencia y el narcotráfico. Pese a todo, la explicación no parece la condena a un destino fatal para los colombianos, sino más bien las limitaciones de una política de seguridad que, pese a haber logrado éxitos, no ha aportado una solución definitiva para la erradicación del problema.

La política de represión y mano dura aplicada por el ex presidente Álvaro Uribe tuvo efectos notables pero, como demuestra la actual situación, en absoluto definitivos. La prueba de ello es que si, en principio, gracias a esa política la guerrilla y los paramilitares entraron en un proceso de extinción, las Bacrim han ocupado ese hueco, aunque eso no significa que hayan dejado de ser una amenaza para la seguridad nacional.

Estos nuevos grupos armados (responsables de un 47% de los 15.400 asesinatos en 2010) ponen en evidencia la capacidad del estado y del nuevo presidente Juan Manuel Santos para acabar con las bandas criminales, pero no con el crimen organizado, de manera que una banda acaba sustituyendo a otra cuando es desarticulada. Así, según un representante gubernamental, "aquí hemos venido avanzando desde 2006. El país va perdiendo la memoria, pero hay que recordar que el grupo más grande, el de Los Nevados, de los hermanos Mejía Múnera, quedó neutralizado.

Luego apareció la banda herencia de Jorge 40, liderada por Salomón, que también fue capturado. Luego HH y don Mario. Nuestra prioridad hoy se centra en Los Rastrojos. Luego están Los Paisas y Los Urabeños. Tenemos que derrotar estas tres estructuras. Este golpe es un mensaje contundente a los hermanos Calle Serna, a Valenciano, Sebastián y al Loco Barrera, porque vamos a por ellos". Cada vez que se persigue y reprime una banda criminal, cuestión que no deja de ser positiva, el problema se reproduce de inmediato en una nueva organización. De manera que, además de aplicar una política represiva, convendría analizar cuáles son las causas que favorecen esta inmediata sustitución de una por otra.

Tanto analistas como responsables gubernamentales se centran en caracterizar estas organizaciones criminales. Parece que hay un consenso generalizado en considerarlas como grupos diferentes de los anteriores. Su único y exclusivo interés son los rentables beneficios que les proporciona el narcotráfico, su principal actividad porque carecen de ideología. Sin embargo pese a las diferencias, las Bacrim también poseen, como la guerrilla y los paramilitares, estructuras militares, dominio territorial, vínculos con sectores estatales, fuerza pública y también, al igual que ellos, aunque en menor proporción, cuentan con aliados políticos. Estas similitudes son trascendentales y proporcionan en buena medida una de las claves sobre la continuidad del crimen organizado en Colombia, pese a la constante represión. Mientras las Bacrim tengan posibilidad de tomar el control de territorio sin presencia estatal, encuentren funcionarios corrompibles y espacios económicos y financieros sin control gubernamental para el lavado de dinero, su reproducción estará garantizada. En otras palabras, en la medida en que no se proceda a un sistemático proceso de fortalecimiento del estado y de institucionalización, el problema persistirá.

En este contexto, plantearse si es precisa más mano dura o negociación posiblemente sea importante, pero si no se fortalecen las estructuras estatales y se garantizar su presencia en territorio nacional, no será determinante para alcanzar el final de una pesadilla que puede ser eterna por mucho que se persiga el crimen organizado en Colombia.

 

Sonia Alda.

Doctora en Historia por la UAM y profesora en el IUGM

 

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Comentarios

En cierto modo parece similar

En cierto modo parece similar al caso mexicano, donde el vacío de poder de los grandes cárteles dio lugar a su fragmentación en forma de peligrosísimas bandas de crimen organizado.