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Antonio, alias Muhammad. El periodista sin rostro

Antonio, alias Muhammad. El periodista sin rostro

El periodista camaleónico que se hizo pasar por “skinhead” y traficante de mujeres cuanta a Ípsilon cómo se hizo pasar por terrorista para escribir “El Palestino”. Una infiltración periodística que no se había llevado a cabo hasta entonces: Antonio Salas aprendió árabe, se convirtió al Islam y se circuncidó. Paulo Mauro, en Madrid.

Antonio Salas viste de oscuro y con una indumentaria poco común, para parecer un ciudadano común. O por lo menos para no parecer él mismo, sea quien sea. La entrevista se produce en una mesa cualquiera de un café cualquiera del aeropuerto de Madrid. Todo planeado para no levantar sospechas. Antonio Salas tiene precio por su cabeza, la vida siempre en peligro. Por otro lado, ya no tiene vida. Tiene varias, con distintos nombres, ninguno de ellos el suyo. Tranquilo, tímido, a esperas de la primera pregunta, saca del bolsillo un misbaha, el rosario islámico. Recorre con sus dedos las 33 cuantas, para rezar, invocar los 99 nombres de Alá o simplemente para aplacar los nervios “Me siento bien como musulmán” balbucea. “Todavía voy a la mezquita”. La infiltración, que duró 6 años, ha terminado y está toda en un libro, “El Palestino”, editado en Portugal por Planeta. Salas está construyendo otra personalidad para su próximo trabajo.

 

Pero no ha dejado de ser musulmán. “Fueron años de intenso trabajo. Además de todo esto, escribí dos libros teóricos, tenía que mantener la website de Carlos, etc. En cierto momento, sólo dormía tres horas por noche. Cuándo entraba en la mezquita, eran momentos de paz. Como estar en casa”. Por eso continúa frecuentando esa “casa”. Y a rezar como un musulmán. “Ellos son cariñosos, no temen al contacto físico. Nosotros, si estamos en el autobús y alguien se acerca, nos sentimos incómodos. Los musulmanes no. Se acercan unos a otros, se tocan” dice Antonio.

Fue difícil dejar de comer cerdo. (“No me imaginaba cuánta de nuestra dieta está hecha a base de cerdo”). Dejar de fumar tampoco fue fácil, con las situaciones de estrés a las que estaba sometido. Pero, con los skins, tomaba vodka en el almuerzo. Cuando se infiltró entre los “skinhead” hacía musculación mientras escuchaba bandas ska y punk fanáticas del white power. Creó un “nickename” para Internet (Tiger88), y se hizo pasar por un “skinhead” radical.

 

Escribió el libro “Diário de um skin” (Dom Quixote, 2009), que fue un best-seller en España, y tras su publicación decenas de integrantes del grupo Hammerskin fueron juzgados y apresados. A continuación, Salas decidió entrar en un mundo más peligroso: el de los traficantes de mujeres. Se ganó su confianza, asistió a sórdidas reuniones de negocios, conoció a mujeres sometidas a la esclavitud, terminó comprando, él mismo, una adolescente, en territorio español. Todo grabado en vídeo, porque Salas no da un paso sin su cámara oculta. “Las cosas que he visto son en efecto increíbles, y no me apetece tener que discutir con los idiotas que van siempre a decir que miento”, explica él. “Aquello que no gravo no escribo”

Um ano no tráfico de mulheres (Livros D’Hore, 2008), llevó a prisión a unos cuantos criminales más. El propio Salas colaboró con la policía y con el Tribunal en la evaluación de los procesos y los juicios, tanto de los skins como en el de los traficantes de prostitutas. Ese siempre fue uno de sus objetivos. El otro, que aprecia más, de skinhead y prostitutas también lo consiguió. “Recibí muchas cartas de que se habían dado cuenta, finalmente, de lo absurdo de las vidas que llevaban. Y esto ocurre porque ellas sienten que las comprendo, que estoy a su lado.”

 

De ahí la importancia de una infiltración a tiempo completo, total. La aproximación al tema de investigación no es hostil, es una aproximación real – Salas intenta realmente ser un “skinhead”, o un traficante, para comprenderlos, ver su punto de vista, sentir lo que ellos sienten. Esto implica una filosofía humanística muy propia. Una creencia de que los seres humanos son en esencia parecidos, y obran siempre de buena fe. Es este el punto de partida, que la propia experiencia de los reportajes está esforzando. “Hasta los skins tienen su lado bueno. Son muy leales, y defienden algunas buenas causas, como los derechos de los animales. Después tienen cosas indefendibles, como el racismo”. Hasta esas las intenta comprender, aunque sin éxito. “Mis libros son respetuosos. No contienen prejuicios, no condenan en un principio. Son una especie de diario de viaje”.

 

Al-Qaeda, misión imposible

 

Es un trabajo que deja secuelas. Tanto mentales como físicas. Incuso hoy día, Salas recibe amenazas de muerte a causa de sus dos trabajos. “El odio se ve renovado. Recibo insultos y amenazas de skins, de chicos que tenían diez años cuando estuve infiltrado. Pero ya les fue transmitido, enseñado quien eran los enemigos. A cualquier joven skin le gustaría poder jactarse de dar una puñalada a Antonio Salas”. Por eso el periodista vive en la clandestinidad. No aparece en público, ni muestra su rostro. Mantiene varias identidades, cuyas vidas precisa mantener – la verdadera, que tiene como empleo de fachada, la de periodista, la de Antonio Salas, protagonista de infiltraciones, y la del personaje de infiltrado en curso. Si alguno de estos nombres es identificado como uno de los otros, Antonio tiene su vida en peligro.

 

En cuanto a su salud mental, siempre está en riesgo. Tras la publicación de “El año que trafiqué con mujeres”, el plan era hacer un tratamiento psiquiátrico. Pero o hubo tiempo. Estábamos en marzo de 2004 y, en Madrid, explotaban bombas en la estación de Atocha en varios vagones. Los atentados mataron a 191 personas y la primera tasa oficial fue la de dar la autoría a ETA. Pero luego se descubrió quién estaba tras los asesinatos: los terroristas islamistas de Al-Qaeda. Antonio Salas no necesitó pensar mucho: la próxima infiltración sería entre ellos.

Era una misión imposible. Ningún occidental se había hecho pasar por un islamista. Sería necesario hablar árabe, por lo menos. Los musulmanes más radicales ya habían intentado entrar en células fundamentalistas, pero el acto de haberlo hecho es ya considerado sospechoso por los occidentales, lo que desvaloriza todo o que han descubierto. La imposibilidad de comunicación entre ambos mundos es total. Pero Salas encontró un precursor.

El español Domingo Badía nació en 1767. En Córdoba, trabajó como administrador de la Real Venta de Tabacos y escribió libros científicos. A los 30 años, Manuel Godoy, primer ministro de Carlos VI, le propuso infiltrarse en los países árabes, bajo una falsa identidad musulmana, para espiar y desestabilizar las potencias enemigas de la corona española. Imaginó un plan para unir a varios de los adversarios del sultán de Marruecos, con el propósito de usurparle el poder. Para eso, Badía aprendió árabe y creó un personaje ficticio, Alí Bey, a quién atribuyo un pasado y una ascendencia. Como un disfraz bien preparado, atravesó Gibraltar y vivió en Marruecos, en Libia, en Egipto, en Arabia, en Palestina, en Siria, en Turquía. Fue el primer espía europeo en la Meca. Escribió un libro “Voyages d’Ali Bey en Afrique et en Asie pendant les Années 1803, 1806 et 1807” y acabó muriendo envenenado tras su descubrimiento.

Alí Bey fue el modelo de Salas. También éste percibió, al leer el libro, que una infiltración en el mundo musulmán exigía un disfraz completo. Al contrario de lo que tenía visto en investigaciones anteriores, para esta sería necesario crear un personaje desde el nacimiento. Salas comenzó a buscar en el Sahara Occidental. Al venir de una antigua ocupación colonial española su hipótesis tenía inconvenientes. Después de los atentados del 11 de Marzo, había muchos policías españoles que intentaban infiltrarse en las células islamistas. Por otro lado, un componente de Frente Polisario no sería bienvenido en Marruecos, uno de los países en los que Salas sospechaba que había terroristas.

 

Rechazó ser saharaui y, después de barajar varias posibilidades, optó por ser palestino. Inventó un nombre: Muhammad Alí Tovar Abdallah. E inventó una historia: nacido en Venezuela, aunque su madre y sus abuelos eran palestinos. Huyendo  de la ocupación israelí se instalaron en la Venezuela Comunista de los años 60. Fue allí dónde conocieron a la familia del padre de Muhammad Abdallah, que era marxista y simpatizante de la guerrilla. Pero que se convertiría al Islam para poder casarse con su madre. Ésta moriría en el parto de Muhammad, a quien el padre no dejaría de culpar por la tragedia. Esto explica la infancia rebelde de Muhammad. Sería el abuelo palestino quién le enseñase la lengua árabe, los rituales del Islam y el odio a los israelitas. A finales de los 70, cae el presidente Carlos Andrés Pérez, lanzando a la clandestinidad a los comunistas como el padre de Muhammad, hasta la llegada de Hugo Chávez al poder en Caracas. La familia de Abdallah huye a España.

 

Muhammad fue un estudiante rebelde, lleno de conflictos personales entre la herencia comunista de su padre y la educación musulmana de sus abuelos maternos. Se convirtió en voluntario de organizaciones humanitarias en África y en el Medio Oriente. Y volvió a Palestina, dónde, en Yinin, conocería a su esposa Dalal. Pero el padre de ella, miembro de Hamas, no aprobaba la relación, sabiendo la vinculación del abuelo de Muhammad con la Fatah, de Yasser Arafat. Vivieron por eso un amor clandestino. Dalal quedó embarazada de un bebé que no llegaría a nacer. El 9 de Marzo de 2004, una patrulla entró en territorio palestino y, en un cambio de disparos con la resistencia, una bala perdida entró por la ventana matando a Dalal y Aiman, el primer hijo de Muhammad. Éste decidió ese día volverse un mujahid.

 

Para dar credibilidad al personaje, Antonio Salas pidió a una amiga prostituta, que conoció en la infiltración anterior, que se dejase fotografiar como si ella estuviera en Yinin, en Palestina. Construyó un álbum personal de imágenes en sus varias edades, en escenarios de países árabes y casas musulmanas, unas reales, otras montadas con un ordenador. Se matriculó en cursos de lengua árabe y de terrorismo. Frecuentó solariums y comió zanahoria todos los días para volver la piel más oscura. Se convirtió al Islam, aprendió a hacer todas las oraciones y todos los ritos, y tomó como tarea personal copiar el Corán, en árabe, en un cuaderno. Por último, se sometió a la circuncisión.

 

Desinformación

 

En la cafetería del aeropuerto de Madrid, Antonio muestra el álbum de fotos que llevaría siempre en la mochila, al lado del pequeño Corán manuscrito.”Esto era lo que daba consistencia a mi personaje, cuando lo mostraba a los amigos, o cuando era revisado en las fronteras” dice “Y era también lo que me daba confianza”. No bastaba con parecer Muhammad. Era preciso ser Muhammad. Para no correr riesgos, y para sentir lo que siente realmente un terrorista islamista. “Los periodistas occidentales no se dan el trabajo de entender el Islam” dice Salas. “Por comodidad, consultan fuentes como Wikipedia o como Google. Escriben lo que leen, y después otros periodistas reproducen lo que éstos escriben. Los políticos, o quien sea están interesados en manipularnos, y saben que las cosas funcionan así, por eso usan Google y Wikipedia para vincular lo que les convienen.  Es muy fácil. Lo de Al-Qaeda en la isla Margarita es un ejemplo de esto”.

 

Varios periodistas escribieron en diferentes periódicos del mundo, que existía una célula de Al-Qaeda en la isla Margarita de Venezuela. Algunos canales de televisión mostraron unas imágenes de un “campo de tiro” con árabes armados haciendo exhibicionismos de un escenario del Caribe. Salas, por otro lado Muhammad, fue allí a investigar. Haciéndose pasar por adepto de Bin Laden, para contactar con colegas locales. Pero no encontró a ninguno. Sin embargo, si localizó el “campo de tiro”, que al final, era un coto de caza donde los periodistas occidentales tenían filmando a un grupo de libaneses dando tiros a conejos con sus escopetas. Los libaneses, encima, eran cristianos manoritas. ”El único terrorista islámico de la isla Margarita se llamaba Muhammad Abdallah. Al-Qaeda-Venezuela era yo”. Y tan convincente fue que los terroristas tupamaros revolucionarios intentaron raptarlo, y después matarlo, convencidos de que él estaba en Venezuela para reclutar operativos para Al-Qaeda.

Si los periodistas occidentales no informan sobre el Islam, es normal que los ciudadanos comunes desarrollen prejuicios en relación a los musulmanes. Muchos y  parecidos, por otra parte, como los que los musulmanes tienen sobre Occidente. “Es fascinante oír las conversaciones, en las mezquitas de los musulmanes, respecto a nosotros. Dicen: son sucios, racistas, no respetan a las mujeres. Practican violencia doméstica, los curas son pedófilos”. Igual que los occidentales piensan que los musulmanes son todos violentos, terroristas y fanáticos, y oprimen a las mujeres. El propio Antonio Salas tenía estos prejuicios, y eso se reflejó en sus primeros bocetos de su disfraz. Después descubrió, por ejemplo, que, en su mayor parte, los musulmanes no son tan religiosos. Y que la mayoría de los terroristas, o los mártires, no lo son por la religión, si no por cuestiones territoriales o políticas, como la ocupación israelí de Gaza y de Cisjordania, o por la ocupación americana en Irak. Prueba de esto es que muchos de los terroristas árabes más violentos no son musulmanes. En muchos casos son cristianos. “La religión puede dar una ayuda, pero no es el motivo de la lucha, del suicidio. Podemos hacer una comparación con los guerrilleros del IRA, en Irlanda. Los que mataban por la iglesia. Pero no se puede decir que mataban por la Biblia. Mataban por su tierra. Hasta los del Ku Klus Klan leen la Biblia. Pero no es la causa de que sean racistas.”

 

El erotismo de las armas

 

Durante sus años de infiltración, Salas anduvo por Palestina y por Israel, por Siria y por Egipto, por el Magreb, por Venezuela. Aquí ganó la confianza de varios guerrilleros musulmanes y otros tantos marxistas. Para eso, les hizo creer que era también un guerrillero, experto en el manejo de armas de guerra. Hizo saber que andaba buscando entrenamiento militar serio, para poder envolverse en acciones terroristas en Europa y el Medio Oriente. Para tener un pretexto de acceso a figuras importantes, decía ser periodista de websites y periodista en periódicos militares.  Poco a poco, fue convirtiéndose él mismo en una personalidad conocida e influyente en los medios terroristas internacionales. Por último, llegó hasta uno de sus objetivos más ambiciosos: conocer a Carlos el Chacal.

 

Comenzó a contactar con  un hermano (del Chacal) en Venezuela. Después tuvo acceso al archivo del que fue el terrorista más conocido del mundo, hasta haber sido superado por Bin Laden. Organizó un website del propio Carlos. Un día, recibió una llamada telefónica del propio Chacal, desde la prisión donde está detenido, en Francia. Después de aquella, tuvieron otras largas conversaciones. Ilich Ramírez Sánchez, conocido como Carlos, el Chacal, necesitaba un webmaster, un portavoz, un confidente, un amigo. Muhammad Abdallah se convirtió en eso. Hablaba con él diariamente, transmitiendo sus mensajes a través del blog (www.ilichramirez.blogspot.com  que todavía puede ser consultado) lo puso a hablar en reuniones y congresos, desde prisión, a través de su teléfono móvil, contactaba con antiguos compañeros, movilizándolos para acciones. Todo esto sin que sus actos pudiesen, alguna vez, llegar a producir en la práctica algún crimen – esos son los límites de la acción de Antonio Salas en las infiltraciones que protagoniza, de otro modo todas las pruebas que recoge no serían válidas en un tribunal.

Carlos comenzó siendo un guerrillero comunista. Pero más tarde se convertiría al Islam, para combatir al lado del Frente Popular de Liberación de Palestina, la facción más radical de la Organización de Liberación de Palestina (OLP), pero sin que, en los intervalos, dejase de dar entrenamiento a los guerrilleros de ETA. Muhammad/Salas descubrió , además de eso, que él mantuvo contactos y simpatizaba con grupos fascistas. A causa de esto, Carlos es generalmente considerado un mercenario. Salas no coincide con esta opinión. Para él, el Chacal es igual a tantos otros terroristas: la única causa que mueve es el poder y la pasión de las armas. Ese fue uno de los objetos de su investigación: cómo se hace a un terrorista. “Al principio, Carlos era un idealista. Cualquier niño como él, con 16 años, que conociese la situación de Palestina, terminaba armado. Y Carlos nunca fue un teórico, como Bin Laden. Era un hombre de acción. Vivió el Septiembre Negro, se embriagó de la causa palestina. Pero después se volvió un profesional. Es tan mercenario como los miembros de ETA o las FARC. Son todos profesionales”. Entre ellos, incluidos los nazis,  no hay grandes diferencias ideológicas, considera Salas. “ Lo que tienen en común son las armas. El erotismo de las armas. Él mismo ya sintió eso. Tener un arma , montarla y desmontarla, provoca una extraña sensación de poder. Y si tus jefes, o una presunta ideología, te dice que las puedes usar legítimamente, es irresistible. Lo demás son justificaciones y disculpas. Lo que cuesta es matar la primera vez. Y mas difícil matar por un ideal que de morir por un ideal. Pero después de la primera vez el terrorista o se suicida o se transforma. Y ya es capaz de hacer cualquier cosa”.

 

Observando a Salas, difícilmente se imagina que haya usado un arma. Pero la verdad es que su discurso es menos de un periodista y más de un terrorista, o de un ex-terrorista. No habla de lo que le contaban, o de lo que investigaba, si no lo que sentía. “Ser terrorista es una profesión. Es una forma de vida emocionante. Hay erotismo en la violencia. El código de los héroes. La violencia puede dar una forma de socialización”. Para muchos jóvenes que no tienen otra forma de afirmación, o de poder, es sus países, ésta es la una vía de integración. Una adquisición, rápida y eficaz, de un papel social. La poca importancia de las ideologías explica por una vez porque es que los terroristas de diferentes corrientes están todos en contacto, unos con otros, sean marxistas o islamistas, de derechas o de izquierdas.

Siempre fue así, desde los 70, dice Salas. “En esa época estábamos todos en contacto unos con otros: ETA, Brigadas Rojas, Baader-Meinhof, OLP. En la izquierda siempre sintieron simpatía por la causa palestina . Hoy es igual. Y había, en aquella época, tanto terrorismo como ahora, o más.” La colaboración entre terroristas tiene motivaciones pragmáticas. “El terrorismo es serio y muy caro. Es preciso comprar armas y municiones, tener acceso a tecnología. Por eso, los terroristas tienen que colaborar, por una cuestión de logística. Son compañeros de oficio. Los vendedores son los mansos, y son, ellos mismos, los terroristas. A mí me propusieron traficar con armas. Es gente que vive de esto, es gente que gana mucho dinero. Y están todos en el mismo mercado.”

 

Terrorista internacional     

 

Después de una larga espera, Muhammad fue finalmente invitado a participar en un campo de entrenamiento para terroristas, en Venezuela. Estaba organizado por los tupamaros y guerrilleros bolivianos partidarios de Chávez, pero no era un campo de terrorismo bajo la responsabilidad directa del Presidente, explica Salas, que no consiguió ninguna prueba de que Caracas apoye directamente al terrorismo internacional. Pero lo más interesante en ese campo, donde se aprendía a tratar con armas de guerra, explosivos y tácticas de guerrilla, era la heterogeneidad nacional, étnica a ideológica de los “alumnos”. Desde miembros de ETA a gente de Hamas y de Hezbollah, pasando por los zapatistas y guerrilleros de las FARC y de ELN colombianos, había de todo. Menos Al-Qaeda. La organización de Bin Laden, por otro lado, se mantuvo en misterio para Muhammad, tal como es para muchos de los llamados terroristas islámicos. Algunos afirman que no existe, y que los atentados del 11 de Septiembre fueron obra de la CIA. Otros dicen que empezó a existir a partir de los atentados. Las oganizaciones que se formaron espontáneamente en varios lugares pidieron entonces unirse a Al-Qaeda. Fue el caso del jordano Al-Zarqaui,  “el decapitador de Bagdad”.

 

Irak, por otro lado, se volvió un lugar ideal para Al-Qaeda, porque sería lógico que mujahidin de todo el mundo se reunieran allí, para combatir la ocupación americana. “que lo que aconteció en Afganistán, cuando fue atacado por los soviéticos. Fueron revolucionarios de todo el mundo para ayudar. Los talibanes funcionaban como aglutinadores de toda esa gente. Fue también lo que aconteció en España durante la Guerra Civil.” Pero, siguió Salas, el plan de Bin Laden para Irak falló, desde 2007, porque el único objetivo de los guerrilleros es combatir la ocupación, no formar un ejército mundial, de motivación religiosa. La alternativa, para los líderes de Al-Qaeda, afirmaba ser el Magreb. Y de allí deben esperarse las próximas iniciativas terroristas, cuyo objetivo será Europa.

 

Para desacreditar al marxismo, el Islam, se dio cuenta Muhammad Abdallah, se volvió un ambiente ideológico apetecible para los terroristas contemporáneos. “El Islam es muy social, muy comunista” dice él. “Además,  existe camaradería y disciplina, tal como imagino que sea la atmósfera en un cuartel. Es preciso rezar cinco veces al día, cumplir una serie de reglas. Hay una similitud con la vida militar. En el Corán hay una cierta belicidad. Es un libro muy viril. Jesús era carpintero, pero Mahoma era pastor. Cuando fue de Medina hacia la Meca comenzó una guerra. En “Diario de un skin” incluí un capítulo sobre las relaciones de los skin con el Islam. Era un análisis superficial, pensé que su proximidad se debía solo en el odio a los judíos. Pero es más profundo que eso. El Islam es muy marcial.

 

Desde la Meca a Bolivia

 

Las conclusiones de Antonio Salas son intrigantes y constituyen un inestimable material de reflexión, a pesar de que son tan discutibles como los medios para alcanzarlos. La infiltración como método periodístico solo es éticamente admisible cuando se reúnen las dos circunstancias: que el asunto sea de interés vital, y que no haya otra forma de investigar. Ninguna de ellas parece ser la causa, en el caso del terrorismo islámico, en el de los skins o del tráfico de mujeres. Pero la cuestión tal vez sea otra: ¿es necesario convertirse realmente al Islam?

Una vez, cuando Muhammad participaba, en Suecia, en un encuentro mundial de izquierdistas radicales, uno de los participantes, José Sánchez, conocido como Negro Cheo, comenzó a desconfiar de él. Por alguna razón, o por simple capricho, sospechaba que no era un verdadero musulmán. Llegado el momento, en la casa que ambos estaban hospedados, en Uppsala, o Negro Cheo le pregunta, a quemarropa: “Oye, Palestino- Hacia dónde está la Meca?” Muhammad apuntó hacia la dirección, sin dudar. Lo sabía, porque temprano de mañana, solo en su cuarto, utilizó una brújula para saber la dirección en la que orar. La pregunta del Negro Cheo no era inocente. Si Muhammad no fuese un verdadero musulmán, habría sido desenmascarado. Pero él lo era. Hacía sus oraciones por la mañana, incluso sin que nadie estuviera mirando.

 

Hay otra cuestión pertinente en cuanto a esta clase de infiltración: cuándo se debe de acabar? Seis años después de haber empezado, Muhammad estaba finalmente en la pista de Bin Laden. Era ya un terrorista afamado y respetado, por lo que los contactos serían cada vez más fáciles. Pero sucedió que varios compañeros próximos fueron asesinados en Venezuela. Uno de ellos, Eduardo Rózsa Flores, intimo amigo del Chacal, fue abatido a tiros por la policía, el 17 de Abril de 2009, en Santa Cruz, en Bolivia, supuestamente por intentar matar al presidente de la República. Días antes, Eduardo concedió una entrevista a Muhammad, que se publicó en el blog de Carlos. El periodista infiltrado se convirtió así en la única pista (y en cómplice eventual) en la operación para asesinar a Evo Morales. Dos semanas después, el viejo seat ibiza de Muhammad explotaría con una bomba. Para Antonio Salas, era la hora de parar.

 

Cuando el libro fue publicado, algunos de los personajes fueron apresados, incluido José Sánchez, el Negro Cheo. Tal vez para él no había sido una gran sorpresa. ¿Pero que habrá sentido Carlos, el Chacal, en su cárcel de alta seguridad, al ver que, en su blog, ese glorioso foro revolucionario mundial,  que el último post es un anuncio del libro de Antonio Salas, El Palestino?

 

Traducción del portugués Macarena González

 

Comentarios

Felicidades, Antonio. Muy

Felicidades, Antonio. Muy impresionante tu libro. Tiene algunos errores, que deberías corregir para ediciones futuras. Cosas menores, pero que te restan credibilidad y hacen que uno dude cuando hablas de temas que uno no conoce. Por ejemplo, la de Bolívar no es Campaña Mirable sino Admirable. Tampoco mencionas que Ilich se llama a sí mismo Carlos en homenaje a Carlos Andres Perez, quien era su ídolo cuando nacionalizó el petróleo. Me parece un dato fundamental para entender la complejidad de la historia contemporánea de Venezuela, más allá de la simplificación binaria del Chavismo. Son tonterías, pero hay decenas en el libro. Y hieren lo que podría ser una obra maestra.
Gracias por tan importante labor, y por haberme mencionado en el libro. Saludos!

Muchas gracias por tu

Muchas gracias por tu aportación Jonathan. Y es lógico que te mencione en el libro, porque tus películas son un reflejo de la sociedad que a mi me fue muy util para comprender un poco mejor la situación de Venezuela. Tomo nota de tus correcciones. Es inevitable en un volumen de páginas tan enorme que se cuelen erratas y gazapos como esos. Gracias.

Toni

Este trabajo de investigacion

Este trabajo de investigacion es impresionante, mas alla de los errores en que pueda incurrir, se entremezclan la labor del periodista de investigacion y la del "agente secreto", en el sentido que cualquier lector intuye que Antonio Salas de alguna manera tenia el respaldo de los servicios de inteligencia españoles, algo que se desprende de la lectura de muchos pasajes y parece normal que asi sea despues de su colaboracion policial y judicial para desenmascarar a los cabezas rapadas. En cualquier este trabajo sirva para comprender en los entresijos del terrorismo islamico y el papel que desempeña las diferentes organizaciones en el conflicto palestino-israeli amen de realizar un soberbio trabajo que nos acercan a la realidad de los grupos bolibarianos revolucionarios. Muchas felicidades por el esfuerzo realizado para hacernos mas comprensible unos de los problemas mas candentes de la actualidad internacional.