uno de los líderes de las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa (brazo armado de Al Fatah) me recibió en su propia casa al noroeste de Belén —la misma que había destruido el ejército israelí, y que él había vuelto a levantar con sus propias mano, según me contaría— y respondió con amabilidad a mis preguntas sobre la intifada y la situación de Palestina. Según me contó, su primer ingreso en prisión fue en agosto de 1981. Cuando salió de la cárcel tres años y medio después, los israelíes ya le tenían fichado en su lista negra y no tardó mucho en regresar a prisión, al inicio de la primera intifada, en marzo de 1988. Aquella fue la primera de una serie de detenciones administrativas. Esa charla con Aiman Abu Aita echó por tierra uno de los pocos prejuicios que aún conservaba, y es que Aiman, como otros muchos en Palestina, no es musulmán, sino cristiano. «Por la situación que se vive aquí, no hay diferencia entre musulmanes y cristianos. Lo que está pasando le está pasando a todos los palestinos. No hay diferencias de religión». La fotografía está tomada en el salón de su casa en Belén.

