Antonio Salas es cabeza rapada, es traficante de menores o dueño de varios prostíbulos en España. Antonio Salas es lo que haga falta ser para desvelar las verdades ocultas. Con su don camaleónico desenmascara los rostros del terror; muta, actúa y luego se esconde. Tras ‘Diario de un skin’ su tarea justiciera ha resultado de nuevo infalible ya que ha conseguido la segunda edición de ‘El año que trafiqué con mujeres’ (Temas de Hoy) además del descalabro de esa parte de la jet más ‘ligera de cascos’.
Aquello de que “si quieres vencer al enemigo, únete a él” debió calar muy hondo en Antonio Salas porque es el método que, aunque peligroso, le ha dado mejores resultados en sus trabajos. En esta ocasión la víctima de su tendencia a la infiltración son las redes de prostitución que actúan en España en diferentes vertientes.
En la boca del lobo
Para ello, Antonio Salas ha tenido que trabajar durante un año enfrentándose a situaciones muy peligrosas. En una ocasión, se metió sin quererlo en la misma boca del lobo durante una entrevista con José Luis Roberto, fundador de la asociación de burdeles ANELA. Durante este encuentro Salas se percató de que éste mismo señor es el líder ideológico del movimiento skin en el que estuvo infiltrado, cuando en un momento de la conversación su interlocutor citó su anterior libro: “deberías leerte un libro que salió hace poco, de un tío con dos cojones que se infiltró en los cabezas rapadas, el muy cabrón. ‘Diario de un skin’ se llama, ¿lo conoces?”.
‘El año que trafiqué con mujeres’ no sólo le ha costado a su autor más de un tembleque por el pánico que ha pasado, sino también una fuerte conmoción personal ante la brutalidad que esconde la realidad: “Siento vértigo, asco, impotencia, rabia, frustración. Por un momento, se me va la cabeza y le deseo a Loveth todas las enfermedades venéreas existentes para que, al menos, pueda contagiar a los hijos de puta capaces de acostarse con una niña de dieciséis años por 30 euros en la Casa de Campo y disfrutar así de una sutil forma de venganza. Aquella fue mi primera tormenta mental”.
Dejarse la piel
Llevar a cabo una investigación de esta índole sin ser descubierto requiere tener mucha sangre fría y ser un gran actor además de tener la capacidad para reprimir la impotencia y el escalofrío que causan ciertas situaciones. Antonio Salas se propuso demostrarlo una vez más, no sólo haciendo lo que nunca hubiera imaginado, como regatear por niñas, sino viviendo en su propia piel qué significa pagar por el sexo.
En un capítulo del libro cuenta el autor cómo tuvo que acostarse con una prostituta para no levantar sospechas a pesar de ser ésta una de las experiencias más amargas de toda su investigación. Algo que le ha permitido personalmente alcanzar una clara conclusión respecto al negocio: “Mi estancia en aquel lugar fue una de las experiencias más incómodas y desagradables de la investigación. Me sirvió para conocer la trastienda del negocio, pero no para comprender cómo los clientes pueden llegar a convertirse en adictos al sexo de pago. Falso, artificial, forzado y bochornoso. Un sexo vacío, soez e incómodo.”