Intensa e intima entrevista de la periodista polaca Isabel Klementowska, con el periodista español Antonio Salas, publicada esta semana en el magazine Gazecie Wyborczej.
1. ¿Sabe su familia, lo qué hace? ¿O usted prefiere no decirle nada a ellos? ¿Y por qué?
Solo mi familia directa. Primos, tios, abuelos, no sospechan quien soy. Pero, como testigo protegido de la fiscalía de Madrid, tenía derecho a protección policial, tras alguno de los juicios en que mi trabajo fue utilizado como prueba judicial, y solicité esa protección para mis padres. De todas formas solo conocen el contenido de cada investigación, cuando he terminado la infiltración, y se publica el libro. Sería absurdo preocuparlos antes. Pero cada vez que cambio de aspecto físico, intuyen que estoy metido en algo.
2. ¿Cuál fue la más difícil de todas sus investigaciones? 
Aunque la infiltración en el terrorismo internacional para “El palestino” fue mucho más complicada, peligrosa y costosa económicamente, la investigación de “El año que trafiqué con mujeres” fue muchísimo más dura, agotadora y brutal psicológicamente. Lo más duro que he hecho en mi vida. Hasta que conviví con traficantes, proxenetas y prostitutas, no podía ni imaginar el infierno que viven esas chicas. Y las secuelas que arrastran para toda su vida. Que yo pudiese negociar, mientras cenaba en un céntrico restaurante de Madrid, el precio de niñas vírgenes de 12 o 14 años, para mis supuestos burdeles, me resultaría algo increíble si no lo hubiese grabado mi cámara oculta.
3. ¿Cuánto tiempo quiere trabajar de esta manera? ¿Es un poco como el trabajo de un espía?
Me gusta mi trabajo. Me gusta pensar que es útil. Cuando recibes cientos y cientos, quizás miles, de cartas y emails de chicos que dejaron el movimiento nazi tras leer “Diario de un skin”; de chicas que decidieron dejar la prostitución tras leer “El año que trafiqué con mujeres”, y lo que es más, de hombres que decidieron dejar de consumir prostitución tras leer ese libro… o incluso de adolescentes que estaban a punto de ingresar en un campo de adiestramiento terrorista en Líbano, y decidieron renunciar a la lucha armada tras leer “El Palestino”… Cuando ocurre todo eso, piensas que toda la angustia, el miedo y la soledad de este trabajo merece la pena. Y me gustaría poder seguir haciéndolo el resto de mi vida. No tengo, por el momento, ningún afán de reconocimiento o protagonismo.
La diferencia de mi trabajo con el de los infiltrados de la policía, o los servicios de inteligencia, es que ellos redactan sus informes confidenciales, para sus superiores, o para el Ministro de Defensa, y yo trabajo para mis lectores. Además ellos cuentan con recursos, compañeros, material sofisticado… Yo trabajo solo, y con una simple cámara de video.
4. ¿Y por qué elegiste trabajar así, de esta manera?
Fue una casualidad. En 2000 un canal de TV español, Telecinco, nos contrató a 3 periodistas un poco kamikazes, para hacer reportajes de investigación de alto riesgo, con cámara oculta. Mis compañeros hicieron un documental sobre el narcotráfico en Cuba, y yo me infiltré en los skinhead. Pero averigüé más de lo que Telecinco esperaba. Después de un año descubrí una relación entre el club de futbol Real Madrid y los grupos neonazis Ultrassur y Hammerskin, y como el año en que debía emitirse el reportaje, 2002, era el del Centenario del Real Madrid, censuraron de forma brutal mi reportaje. Por eso escribí el libro “Diario de un skin”, donde quería contar todo lo habían censurado en televisión. A partir de entonces todos mis documentales de cámara oculta iban acompañados de un libro en el que contaba, paso a paso, como había obtenido cada una de esas imágenes.
5. ¿Cuánto tiempo se tarda en dejar de pensar en el personaje actual? ¿ o no es posible? ¿Tiene alguna manera especial de hacerlo? 
No me pongo un plazo para cada libro. Tardo lo que sea necesario. En este trabajo no puedes cometer errores porque no hay segunda oportunidad. Primero debes crear un personaje creíble, una identidad con la que vivirás 24 horas al día, durante meses, o años, asi que tienes que buscar en tu propia personalidad, todos los puntos que puedas tener en común con el personaje, para no tener que mentir, o hacerlo lo menos posible. Y aunque parezca sorprendente, hasta los nazis más violentos, los traficantes más crueles, y los terroristas más despiadados, hacen lo que hacen porque creen que es lo correcto. Por ejemplo, los nazis odian las drogas, les encanta el deporte y la vida natural, les interesa mucho la historia, las tradiciones. Yo construí mi personaje de Tiger88, compartiendo esas cosas. Para las otras, las que no comparto, como el odio a los negros, judíos, inmigrantes, etc, utilizaba “muletas psicológicas”. Como recordar una novia que me dejó porque se había casado con un chico negro, cubano, y pensaba en ella cada vez que mi grupo skin se cruzaba con un extranjero, para que mis reacciones pareciesen creíbles. Después hay que leer y estudiar mucho. Debes conocer muy a fondo la teoría del grupo en el que te vas a infiltrar, antes de comenzar el trabajo de campo.
6. ¿Por qué escogió esos sujetos, neonazis, el tráfico de mujeres y la prostitución, el terrorismo…?
Los skin fue un tema pactado con el canal de TV en el que trabajaba entonces. Pero a partir de ahí todo fueron decisiones propias. Con frecuencia al investigar un tema descubres lo interrelacionado que esta con otros aspectos delictivos que también merecerían una investigación. Por ejemplo, yo jamás habría imaginado que detrás de algunos grupos neonazis españoles se escondiesen los empresarios que explotan a miles de mujeres sudamericanas, negras, árabes o asiáticas. Y me pareció fascinante desenmascarar esa realidad. Porque los mismos políticos que abominan de los inmigrantes, que defienden la Europa blanca, y que controlan a ultras racistas, después se lucran de esas mismas inmigrantes prostituidas en sus burdeles. Lo de El Palestino fue diferente. El 11 de marzo de 2004, cuando se produjo el mayor atentado terrorista de la historia de Europa, yo estaba en Madrid, y sentí que tenía que hacer algo. Y lo único que yo se hacer es investigar.
7. ¿Alguien te amenaza? Si es así ¿cuáles fueron las palabras y cómo?
Constantemente. El pasado Diciembre, por ejemplo, algunos miembros de grupos bolivarianos viajaron a Europa para apoyar a Ilich Ramírez Sánchez “Carlos el Chacal”, en el nuevo juicio que protagonizó en Paris, y aprovecharon para buscarme por toda España, y hacerme saber que sobre mi pesa una sentencia de muerte. En España, cada vez que se publica alguna noticia sobre mi trabajo, o se anuncia la publicación de un nuevo libro, vuelven las amenazas. Hace unos días el Tribunal Supremo español ratificaba la sentencia contra el grupo Hammerskin en cuyo juicio se utilizó uno de mis libros como prueba de la acusación. E inmediatamente volví a recibir insultos, amenazas y todos los intentos imaginables de desacreditar mi trabajo. Ya debería estar acostumbrado, pero es difícil acostumbrarse al odio.

8. ¿No siente miedo?
Creo que ya forma parte de mi personalidad. Además, opino que el miedo no es malo, si no te paraliza. Al contrario. Te ayuda a ser prudente, a no cometer errores. Creo que el día que deje de ser cuidadoso, desconfiado, casi paranoíco, cometeré un error, y entonces se acabó.
9. ¿Cuál fue la parte más peligrosa de sus investigaciones?
Es muy difícil responder a eso. Cualquiera de los momentos es que estas grabando con una cámara oculta a un grupo de terroristas, de nazis o de traficantes de mujeres. Pero también es peligroso que, por ejemplo, en Palestina, la seguridad israelí pueda confundirte con un terrorista árabe; o que en un barrio de Beirut, los agentes de Hezbullah puedan sospechar que eres un infiltrado, etc. Sin embargo la bala del calibre 9mm que llevo al cuello, casi me voló una rodilla, mientras tenía una reunión “pacífica” con un traficante, durante la investigación de “El año que trafiqué con mujeres”. Teníamos la mesa llena de armas y una de las pistolas se disparó accidentalmente y la bala me pasó rozando, rebotó en la pared, y quedó a mis pies. Lo consideré una señal de que ya estaba tentando demasiado a la suerte en esa investigación.
10. ¿Cómo controlar los nervios, cuando se sabe que su interlocutor tiene una pistola?
Yo solo tengo un sistema. Intento por todos los medios olvidar que soy Antonio, un periodista, y me esfuerzo en creerme mi identidad como Muhammad Abdallah o Tiger88. Trato de pensar, de sentir, como ellos, y entonces soy uno más del grupo. No debo temer nada si estoy integrado entre mis camaradas. Lo malo es que esa especie de desdoblamiento de personalidad, a la larga, puede traer algunos problemas psicológicos muy complicados. En el mundo de los servicios de inteligencia lo llaman “estampamiento”, la enfermedad del infiltrado. Muchos policías y agentes infiltrados han terminado por creerse realmente el papel que estaban interpretando.
11. ¿Siente que su forma de hacer periodismo es una especie de misión? No es fácil comprender porque hace lo que hace…
Si entras en la web que ha hecho la editorial sobre mis libros (www.antoniosalas.org) y lees los cientos de mails que me han enviado lectores que dejaron el movimiento skinhead tras leer “Diario de un skin” (http://www.antoniosalas.org/libro/diario-de-un-skin/mis-emails), o los de los hombres que dejaron de consumir prostitución tras leer “El año que trafiqué…” (http://www.antoniosalas.org/libro/el-ano-que-trafique-con-mujeres/mis-emails) , creo que podrás comprender porque hago lo que hago. Que una joven prostituta de 19 o 20 años, como Maria, Ana, Rosa, etc, te escriba para decirte “hoy no he ido a trabajar a la agencia, y no volveré nunca más”, por haber leído tu libro, te hace recuperar la fe en este oficio. Te hace mantener la esperanza de que la pluma puede vencer a la espada. De que los periodistas realmente podemos contribuir a cambiar un poco las cosas. Al menos debemos intentarlo. Una de las cosas que me reprochan los nazis europeos es que mis libros provocaron muchas deserciones en sus filas. Porque la verdad, siempre nos hace libres para escoger.
12. ¿Cuál es su lema?¿Por qué es periodista?
Siempre he pensado que médico, o profesor, son las únicas cosas serias que se pueden ser. No imagino mejor profesión que curar a tus semejantes, o enseñarles. Pero soy demasiado rebelde e indisciplinado para ambas. Y esta forma de periodismo me permite creer que, de alguna manera, también podemos contribuir a sanar la sociedad loca y violenta que nos ha tocado vivir. Descubrir las mentiras en las que vivimos, y desvelarlas a nuestros lectores, es mi forma de sentirme útil. Y soy muy ambicioso. Necesito sentir que mi trabajo es útil.
13. ¿Qué fue lo más sorprendente durante su investigación sobre las mujeres?
Se que parecerá increíble, pero antes de esa investigación yo jamás había pisado un burdel. Ni he vuelto a hacerlo después. Había leído muchos reportajes sobre el tráfico de mujeres, y la prostitución infantil en Asia, en África o incluso en América Latina. Pero jamás habría imaginado que podría negociar, en la vieja, culta y civilizada Europa, la compra de una chica rumana por 8000 euros, o de una joven nigeriana y su hijo por 17.000 dólares. O la compra de niñas vírgenes mexicanas, por 25.000 euros. El negocio del sexo mueve ya casi tanto dinero negro como el narcotráfico o el tráfico de armas, aunque esta mucho menos perseguido. Porque los hombres, cómplices silenciosos de los traficantes al sustentar su negocio, justificamos la prostitución como algo totalmente socializado. Si entras en cualquier burdel del mundo, cualquiera de las chicas que te encuentres allí, podrá relatarte una historia horrible. Y lo peor es que ni ellas mismas saben que lo peor viene después. De la prostitución no se sale nunca. Deja secuelas irreversibles en el alma y en la mente.
14. ¿Sigue hablando con alguna de ellas?
Mis mejores amigas son o han sido prostitutas. Por eso he podido ser testigo de las cosas terribles que les ocurren, incluso cuando abandonan la prostitución. Es un estigma social que las perseguirá el resto de sus vidas. Yo he seguido manteniendo el contacto con la mayoría de ellas. De hecho, en “El Palestino”, conté con la ayuda de algunas de las chicas árabes, venezolanas, etc, que había conocido durante “El año que trafiqué con mujeres”. Todos los periodistas de investigación, y todos los policías, saben que son una fuente de información asombrosa. Y alguna de ellas incluso ha publicado ya algún libro contando su historia personal en mi misma editorial.
15. ¿Sintió la tentación de prestarles un poco de ayuda, cuando hablaba con ellas durante la investigación? En su libro no hay nada al respecto y me estaba preguntando, ¿por qué no hacerlo?
Debo confesar, con vergüenza, que yo utilicé a las prostitutas como una forma de llegar hasta sus traficantes. Ninguna de ellas sabía que yo era un periodista infiltrado. Después, tras la publicación del libro, si he seguido en contacto con la mayoría, y he podido ser testigo de cómo la vida ha seguido después de mi investigación. Muchas de esas chicas dejaron la prostitución, no porque yo las ayudase, sino porque lo decidieron por si mismas. Pero esa era una opción que solo podían escoger las españolas, o las que ya habían pagado su deuda con la mafia que las llevó a Europa. Las otras, que son la inmensa mayoría, no tienen esa oportunidad de elegir. En otros casos si tuve que implicarme más, para poner a algunas de ellas en contacto con la policía, con asociaciones de asistencia social, etc. Hace unos meses tuvimos una reunión en Barcelona con jueces, policías, políticos, etc, para intentar cambiar la Ley sobre la prostitución en Cataluña. Pero no considero que yo las haya ayudado a ellas, sino que ellas me ayudaron a mí a descubrir cómo es realmente de hipócrita la sociedad.

16. ¿Sabe usted, qué le pasó a las chicas de que hablamos? Y para los otros (hombres) - Sunny, Paulino, Jesús, etc …
Como te decía, he continuado en contacto con la mayoría de las chicas. Algunas, como Susy, que estaban en situación ilegal, fueron repatriadas. Otras se casaron o encontraron un trabajo en España. A otras, como la chica polaca que motivó en España un escándalo nacional con sus informaciones sobre las famosas que ejercían la prostitución, las he visto siendo entrevistadas en televisión por otros temas. Pero de ellos, de los proxenetas o de los prostituidores, no me interesa cual ha sido su suerte. Espero que todos ellos, como Sunny, terminasen en prisión.
17. ¿Con qué frecuencia tiene que cambiar su imagen?
Para mi la apariencia estética es una herramienta de trabajo. No soy demasiado vanidoso, así que no me importa si debo afeitarme la cabeza o dejarme el pelo largo. Si debo ser rubio, moreno o pelirrojo. Si debo afeitarme o llevar una barba de seis años. Si debo parecer pálido o oscurecerme la piel con tratamientos solares. Cada infiltración implica que adaptes tu aspecto al contexto en el que te vas a mover. Es muy importante no llamar la atención y pasar desapercibido y la apariencia física en ese caso es vital. Pero cambiar el aspecto físico es fácil. Lo difícil es cambiar tus hábitos de conducta, tu forma de comportarte, y tu psicología.
18. ¿Cuántas personas saben, ¿qué aspecto tiene? ¿Se va a mostrar su cara en el futuro?
A mediados de 2009 comencé a crear el personaje de la actual investigación, y llevo casi 3 años viviendo en un mundo nuevo y totalmente diferente a todo lo que había hecho antes. De hecho acabo de regresar de América y ya estoy escribiendo el próximo libro. Lógicamente todas las personas con las que he convivido en la última infiltración conocen el aspecto que tengo ahora, pero ignoran que en realidad soy un periodista. En cuanto a mi círculo de amigos, están acostumbrados a mis cambios de imagen. Pero la inmensa mayoría no saben que soy Antonio Salas. Piensan que soy un chico un poco raro y que pasa mucho tiempo viajando. Mis padres, sin embargo, están preocupados. Saben que durante estos últimos años he estado metido en algo nuevo y diferente.
19. Usted escribió, que no les gustan los hombres (después de la investigación sobre la trata) ¿Aún se siente así? ¿Y por qué?
Cada día, en cualquier burdel de España, Francia, Italia o Alemania, cualquiera de las prostitutas polacas, colombianas, ukranianas, brasileñas, rumanas, nigerianas o dominicanas allí traficadas, tienen que acostarse con entre 5 y 15 hombres distintos. Como mínimo seis días a la semana. Supongamos que solo tienen que soportar a 10 clientes al día. Son 60 semanales. Solo en España se supone que hay entre 400.000 y 500.000 mujeres prostituidas. Salen 24 millones de españoles acudiendo a burdeles a la semana. 96 millones de servicios sexuales al mes… En España no hay tantos hombres. Es evidente que algunos repiten. A una media de 50 euros el servicio… imagina el dinero que genera este negocio. Y ahora súmale todos los parásitos que se lucran de la prostitución: taxistas, camareros de los burdeles, peluqueras, vendedores de ropa que venden en los clubs, locutorios… Los chicos, cada vez más jóvenes, consideran divertido contratar una prostituta en grupo. Las mayoría de los empresarios incluyen la visita a un burdel tras sus cenas de ejecutivos. Periodistas y policías consumen prostitución con la excusa de que deben mantener sus fuentes. Padres, hijos, abuelos, piensan que no hacen nada malo si tratan con respeto a la prostituta… Todos lo ven como algo normal. Pero cada vez que un hombre pisa un burdel, aunque solo sea para tomar una copa, está ayudando a las mafias de la prostitución. Y más del 90% de las mujeres que son prostituidas en cualquier país europeo, son extranjeras que han sido traficadas. Todo lo demás son excusas para justificar nuestra debilidad como hombres.
Isabel Klementowska
http://wyborcza.pl/1,75480,11927141,Handlowalem_kobietami.html?as=1&star...

