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Actualidad Antonio Salas

El héroe en su laberinto

El héroe en su laberinto

Antonio Salas, el autor de 'Diario de un skin', vuelve a embarcarse en una investigación para desentrañar algunos de los entresijos de las redes del terrorismo radical islamista. 'El palestino' es el resultado.


Pero no es el general de García Márquez, ni el laberinto es el de la soledad, sino el complicado tablero de Oriente Medio donde se encuentran las piezas palestinas y judías, un tablero en el que Antonio Salas se rasga sus vestiduras occidentales y se vierte por encima las típicamente árabes para infiltrarse como un peón valiente en su nueva aventura, quizás la más arriesgada desde que en 2001 se mezclara con los skin con una cámara oculta y en 2004 traficara con mujeres para descubrir al mundo la vileza del proxenetismo. En esta tercera ocasión el intrépido periodista da un paso más allá y cruza una nueva línea roja para llevarnos por los grises del terrorismo internacional de raigambre islámico para precisamente descabezar los prejuicios hacia lo islámico, para barrer de paja la islamofobia imperante y dejar sólo el grano, hasta el punto de que el propio Salas se ha convertido al Islam en su travesía, mucho más allá y más adentro de su mera utilidad como coartada.

 

A lo largo de 650 páginas pasa una plétora de nombres, y detrás de cada nombre una historia y detrás de cada historia una parte de Antonio Salas que nace y se reproduce sin llegar a morir porque el autor logra ser la síntesis de todos los nombres y de todas las historias. Sus palabras despejan todos los arcanos acerca de su objetivo, de lente muy cóncava para captar todo el espectro del Medio Oriente.


En la página 210 nos muestra su tarjeta de presentación: «La diferencia es que yo no trabajo para ningún gobierno, ni para ninguna religión, ni siquiera para ningún medio de comunicación. Yo trabajo para los lectores de mis libros, que son, a fin de cuentas, los que pagan mis investigaciones. Y eso es lo único que yo podía ofrecer, a través de mi identidad como Muhammad Abadía. Yo no necesito bombas ni fusiles. Mis armas son mis reportajes; mis bombas, las palabras; mis balas, las letras, de un calibre tan potente que pueden atravesar cualquier blindaje. Mi fusil es una cámara de vídeo; mi pistola, un teclado de ordenador. Ese sería el único arsenal que estaba dispuesto a utilizar como terrorista». Estamos ante una rigurosa y dinámica obra para entender el conflicto palestino desde dentro, humanizado, con nombres, sensaciones y sentimientos, superando los límites catódicos de un televisor a la hora del telediario.


El autor avanza con una cámara oculta en una mano y una linterna en la otra, para iluminar las vueltas de la madeja islámica y desentrañar los enredos que a tantos occidentales nos desasosiegan. Estamos ante una sucesión de capítulos cortos enganchados unos a otros en primera persona, de manera que la lectura avanza en una espiral creciente de nombres propios (entre ellos el famoso terrorista Carlos el Chacal, quien llega a convertirse en mentor de Salas, su confidente), intrigas y sucesos reales que van encogiendo el estómago del lector porque nada de ello es ficción, ni los riesgos asumidos por el autor son producto de su fantasía. La suma final es una gesta, pero también una humilde enseñanza, una contraprogramación a los valores impuestos por Occidente y a los mitos cristianocentristas que nos privan de la singularidad islámica, en la que el autor se confiesa inexorablemente atrapado («mis hermanos musulmanes» repite como un mantra), tan a caballo entre el sensualismo y el misticismo sufí. Ahí es donde encontramos a un Salas fascinado: en el extrarradio de su persona, en pleno eje de su tarea periodística, como una piel que por fin ha mudado de dueño y no al revés.

 

Alberto Zurrón
http://www.elcomercio.es/v/20110709/cultura/heroe-laberinto-20110709.html